
Una reflexión personal sobre cannabis, LSD y creatividad. Cómo el escapismo se transformó en claridad, productividad y equilibrio emocional.
Durante años he cargado con la duda del cuando debía hablar abiertamente sobre mi relación con el cannabis y el LSD. No porque me avergüence, sino porque sé que el estigma sigue vivo, especialmente cuando eres un adulto, tienes hijos, diriges una empresa, esperas trabajar con modelos espectaculares en tu fotografía y se espera de ti una imagen “profesional”.
Mi historia con estas sustancias no comenzó buscando espiritualidad ni iluminación. Empezó como lo hacen muchas: consumo irresponsable.
El cannabis recreacional llegó primero, casi por accidente, y me ayudó a bajar el ruido. Descubrí que, lejos de hacerme menos productivo, podía centrarme mejor, dormir mejor y separar los problemas reales de los imaginarios.
Esa experiencia, sin planearlo, me llevó a leer sobre los psicodélicos y su uso en la creatividad y la salud mental. Decidí probarlo con curiosidad, sin rituales ni expectativas. Y fue ahí donde entendí algo: a veces el escapismo no es huida, sino una forma de tomar distancia de los problemas para volver con más claridad.
Psicodélicos y creatividad: entre la ciencia y la experiencia
Terence McKenna solía decir que los psicodélicos son “microscopios para el alma”, herramientas que nos permiten observar los procesos internos con una lucidez imposible en la rutina. Su visión no era la del consumo descontrolado, sino la del uso intencional y respetuoso como catalizador de autoconocimiento y creatividad.
Del otro lado, Jordan Peterson ha hablado sobre los estudios más recientes que muestran cómo sustancias como la psilocibina y el LSD pueden facilitar procesos de introspección profunda, ayudar a personas con depresión y estimular la creatividad al “suspender temporalmente las jerarquías rígidas del pensamiento”.
Y es justo ahí donde encontré sentido. No como evasión, sino como herramienta. Mis experiencias con el LSD no fueron viajes de colores, sino pausas mentales que me ayudaron a reenfocar, resetear y soltar la tensión acumulada.
A veces las usé simplemente para detener el ruido interno, para dejar de pensar en toda esa “mierda que no era mía”, como suelo decir.
Cannabis, claridad y control del estrés
El cannabis, se convirtió para mí en un aliado silencioso en periodos donde necesitaba bajar la intensidad y observar las cosas desde otro ángulo.
Lo curioso es que, lejos de desconectarme de mi vida, me reconectó con ella. Pude enfocarme mejor en mi trabajo creativo, en mis proyectos, e incluso volverme mejor en mi papel como padre.
Porque sí, creo firmemente que ser usuario de estas sustancias no está peleado con ser un buen padre, un gran profesional o un creativo excepcional.
El estigma es lo que más duele. Esa sensación de que estás haciendo algo “moralmente incorrecto” cuando en realidad estás usando una herramienta que te ayuda a mantenerte funcional, enfocado y emocionalmente estable.
No lo niego: quizás sea una falla de carácter. Pero también es mi realidad, y una que ha funcionado para mí.
Entre la culpa y la claridad
Hablar de esto no es fácil. Hay culpa. No por lo que hago, sino por cómo creo que será percibido.
Y sin embargo, el silencio también pesa. Por eso escribo esto: porque sé que no soy el único. Muchos profesionales y artistas recurren a estas experiencias como una forma de reset mental. No para escapar, sino para seguir.
La creatividad, la productividad y el equilibrio no siempre vienen del control. A veces vienen de soltarlo.
Y en mi caso, estas sustancias fueron ese botón de reinicio que me ayudó a volver a mí mismo, con más claridad y menos ruido.
Psicodélicos como herramienta terapéutica
Cada año surgen más investigaciones que exploran el uso terapéutico del LSD, la psilocibina y el cannabis.
Desde la Universidad Johns Hopkins hasta el Centro de Neurociencia de Harvard, los resultados son consistentes:
cuando se usan en contextos controlados, pueden reducir el estrés, aumentar la creatividad y generar estados de bienestar sostenido.
No se trata de soluciones mágicas. No funcionan para todos. Pero la evidencia y la experiencia humana apuntan a algo: hay un potencial real, tanto en lo psicológico como en lo creativo.
Conclusión: reconciliar la mente, el arte y la vida
No creo que el consumo de psicodélicos o cannabis te haga mejor persona.
Pero tampoco creo que te quite el derecho de ser un padre amoroso, un empresario responsable o un artista disciplinado.
Para mí, se trata de honestidad. De reconocer que algunas herramientas me ayudaron a salir de estados mentales que me limitaban.
Y si hablar de esto abre el diálogo, reduce la culpa o ayuda a alguien más a sentirse menos solo en su búsqueda de claridad, entonces valió la pena escribirlo.
