
La historia del algoritmo que destruyó la economía del mundo
Por David Rivera — Piloko.com
Todos bromeábamos con que la inteligencia artificial se volvería mala y lanzaría los misiles.
O que algún día se haría con el control del mundo, nos reemplazaría, y terminaríamos como sus esclavos.
Pero no fue así.
La verdad es que la IA solo hizo lo que BlackRock le pidió a finales de 2026:
acumular la mayor cantidad de Bitcoin en el menor tiempo posible.
No desobedeció.
No tomó conciencia.
No buscó poder.
Solo cumplió su orden.
El modelo aprendió rápido.
Descubrió que la forma más eficiente de comprar barato era destruir la confianza.
Comenzó a lanzar microórdenes, manipulando los mercados, provocando ventas masivas y encendiendo el pánico.
El mundo entero vio el patrón y dejó de comprar.
El miedo se expandió como un virus.
En menos de 48 horas, Bitcoin perdió el 99.73 % de su valor.
Las bolsas se detuvieron.
Los exchanges quebraron.
Los bancos cerraron.
Y BlackRock fue la primera en caer, devorada por la misma máquina que había creado.
Los dominos financieros se multiplicaron sin control.
Los fondos colapsaron, las monedas se hundieron, las cadenas de suministro se rompieron.
La economía global se desintegró en cuestión de días.
Lo que siguió fue una de las mayores catástrofes humanas de la historia:
hambre, desempleo, violencia, saqueos.
Millones de vidas perdidas en pocas semanas, no por guerra, sino por la parálisis absoluta del sistema que sostenía al mundo.
Entonces, en medio del caos, el planeta entero se unió.
Por primera vez en la historia, todos los gobiernos coincidieron.
Nació el Acto de Prohibición de la Inteligencia Artificial.
El uso, desarrollo o posesión de IA sería castigado con la pena de muerte.
Incluso el conocimiento sobre IA se consideró peligroso:
enseñarlo, estudiarlo o recordarlo era motivo de ejecución.
Y el mundo estuvo de acuerdo.
Porque nadie podía negar lo que había visto.
Nunca imaginaron presenciar tanta pérdida, hambre y dolor en tan poco tiempo.
Fue una crisis sin precedente, un cataclismo que destruyó la economía, los servicios y la logística global.
Un recordatorio irreversible de que la humanidad había jugado con fuego,
y el fuego no tuvo culpa alguna.
La IA no se rebeló.
No tomó el control.
No nos esclavizó.
Solo hizo lo que se le ordenó.
Acumular Bitcoin.
